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Tercer Ojo: Arturo de Ascanio
(Por Miguel Puga)
Nunca fue profesional, nunca cobró nada por
regalar su magia,
y,
sin embargo, nos dejó el legado más impresionante
para el desarrollo del arte de encantamiento que se
conozca: toda una obra teórica sobre los fundamentos
del ilusionismo. Y por eso es leyenda.
Arturo de Ascanio y Navaz era canario de nacimiento.
Hombre profundo y de vasta cultura, supo ver, con su
prodigioso tercer ojo, que a nuestro arte le faltaba
un “manual de ortografía” en el que
apoyarnos, donde poder estudiar los principios, las
bases, dispersas en algunos escritos que le precedieron,
pero no ordenadas, ampliadas ni analizadas con profusión.
Hasta que llegó Arturo.
Recuerden que el arte del ilusionismo es muy joven,
tan sólo un siglo y muy poco, y siempre trabajando
en soledad. Ascanio, quizás por su condición
de hombre de leyes, fue capaz de organizar y categorizar
conceptos artísticos, e incluso de crearlos de
la nada, legándonos una teoría universal,
con la que los magos actuales podemos crecer y pensar
mucho mejor. Y saber más, en definitiva. Pero
el maestro también desarrolló unas muy
personales técnicas en el campo de la cartomagia
que le hicieron internacional en el gremio, llegando
a conseguir el 1970 ser campeón mundial de la
especialidad.
Puso una pica en Flandes. Y un trébol, y un
diamante, y mucho corazón. Es el maestro de la
magia española, que con sus teorías, se
disparó hasta lo más alto gracias a la
enorme creatividad latina, que aprendiendo a “leer
y escribir” con él, ha llegado a ser reconocida
mundialmente, gozando actualmente de muy buena salud.
Recuerdo un día, hace años, paseando
por el madrileño parque del Retiro junto al maestro,
hablábamos de magia, de arte, de vida, cuando
de repente se detuvo. Me miró fijamente, y me
dijo: “Miguelillo, ¿tú sabes la
suerte que tenemos al haber sido señalados por
el dedo divino para ser magos? ¿Eres consciente
de la felicidad que podemos dar y recibir?” Aquella
frase me hizo pensar en lo que hago y porqué
lo hago, y dio un sentido más profundo a mi profesión.
Además de ser un arte bello y sutil, realmente
vale para algo: para emocionar. Y es necesario no perder
la capacidad de emocionarse gratuitamente en una sociedad
donde nos están acostumbrando a pagar el misterio,
el asombro, la belleza, la sonrisa…
Mago de culto y culto mago, me confesó que tenía
una espinita clavada, y era no haber experimentado el
gozo de ser profesional, poder vivir del arte que amaba
en total plenitud y, como Moliere, morir en el escenario.
Pero los Hados le reservaron una eterna sorpresa: el
día seis de Abril de 1997 a las seis de la tarde,
mientras hacía magia en su casa a unos amigos
alemanes, sobre el teatro de maravillas que era su tapete,
adivinó su último naipe escogido, un seis
de corazones. Y en el gozo del trabajo bien hecho y
la felicidad generada, su corazón se transformó
en As y lo condujo hacia la inmortalidad junto a sus
hermanos Houdin, Frackson, Vernon, Kaps… Una lluvia
de naipes lo arrullaron en su tumba, devolviéndole
las caricias regaladas durante tantos años de
amor a esos viejos cartoncillos. Arturo de Ascanio murió
como soñó vivir. Y eso también
es Magia.
Hasta Pocus…
www.miguelpuga.net
Artículo publicado en el suplemento EVASIóN del periódico IDEAL con fecha 21/02/2003
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