|
|
David Copperfield La magia del siglo XXI
(Por Miguel Puga)
¿Viste como desapareció la estatua de la libertad de Nueva York?
¿Cómo es posible que un avión se esfume sin dejar rastro rodeado por una larga cadena
humana? ¿Es posible teletransportarse a una isla casi desierta, en apenas unos segundos
y llevando contigo objetos entregados en el teatro minutos antes….? ¿puede un hombre volar,
como si de Peter Pan se tratase, desafiando a Newton?
Estas son algunas de las creaciones de un hombre que se llama como el titulo de
una novela de aventuras, creada por otro amante de la magia, Sr. Charles Dickens.
David S. Kotkin se aficionó al ilusionismo muy jovencito, gracias a su abuelo, quien
le mostró sus primeros pasos en el arte de hacer diabluras. Siempre demostró una gran
habilidad y poder de comunicación. Probó suerte en el mundo del teatro montando un
número en el que un bastón bailaba cual partenaire alrededor del mago. Su nombre artístico
era Davino. Lo hacía tan bien, que un avispado productor de Broadway se fijó en él. No en
el bastón, sino en el nuevo brujo, de porte elegante. Y tanto se fijó que le propuso
realizar un especial de magia a lo grande. Cambiaron su nombre. Y el resto es historia.
Y lo es con todo su significado. David Copperfield se ha convertido, no sin esfuerzo,
en un creador de efectos nuevos. Con mucho talento y un muy buen equipo, desarrolla cada
idea llevándola a extremos nunca antes soñados.
Es un hombre perfeccionista y trabajador que antes de preparar un especial de televisión
lleva su magia por los teatros de medio mundo, probando toda suerte de magias, y, cuando
están perfectas, hace el programa que pueden disfrutar en todo el mundo. Y mientras eso
ocurre, ya está preparando nuevas ideas, nuevo espectáculo. Y eso, se lo aseguro, no es
nada fácil. Los magos de todo el planeta debemos agradecerle el hecho de que, por donde
pasa, se habla de magia, la gente se ilusiona, y ha devuelto la categoría de arte a la
magia a un nivel popular, consiguiendo llenar teatros y estadios a precios dignos de
una ópera de Verdi, dignificando nuestra profesión. Y eso es bueno para todos.
Asesorado por los mejores magos del mundo, el producto Copperfield innova constantemente,
con los mejores medios técnicos posibles, haciendo avanzar la lenta evolución de nuestro
arte.
La máquina del rey Midas invierte mucho dinero en la creación, pero también en ayudar
a los más necesitados. Existe una fundación de David Copperfield para el desarrollo
e investigación de ciertas enfermedades, que sobre todo afectan las capacidades motoras
de nuestro cuerpo, cuyas patologías mejoran gracias a la magia, con la práctica continuada
de los ciertos juegos de manos. Y también algunas mejorías clínicamente comprobadas en
pacientes con deficiencias psíquicas.
Esto también es magia. Estuve con él en Boston hace unos días compartiendo magias
y me mostró su última creación: en el escenario coloca unas peanas tamaño persona,
transparentes. Cuatro. Varias personas elegidas al azar entre el público sujetan,
abrazadas, las peanas. Una tela casi translúcida cubre todo y de repente, absolutamente
rodeado, sobre las peanas ˇaparece un enorme Cadillac color verde esmeralda!
Tomacastañamaricastaña. Consiguió hacerme sentir de nuevo ese pellizco de placer
que produce la belleza de lo asombroso, de lo mágico. Espero poder seguir disfrutando
del arte de birlibirloque por muchos años con la calidad que nos ofrece este personaje,
a quien si Dickens hubiese conocido, seguro le hubiese inspirado otra genial novela.
Quizás… pronto en Granada…
Hasta Pocus…
www.miguelpuga.net
Artículo publicado en el suplemento EVASIóN del periódico IDEAL con fecha 07/03/2003
|